Reflexiones

Reflexiones – El Espejo del Parque


    Reflexiones – El Espejo del Parque
Si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella,
éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.
Santiago 1:23-24.

Todos los que creen…
(son) justificados gratuitamente por su gracia.



Romanos 3:22, 24.
En Inglaterra, en un parque abierto al público, un cartel atrae la atención del visitante con estas palabras: «He aquí el animal más feroz y peligroso del mundo». Intrigado, el visitante penetra en el lugar donde estaría el supuesto animal, pero se halla ante un espejo que le devuelve su propia imagen. Al lado de ese espejo está fijada una lista de las atrocidades cometidas en diferentes partes del mundo. Para el visitante es imposible no sentirse afectado por esta constatación sin complacencia, devuelta de manera muy realista por el espejo.
Reconozcamos que hay motivos para estar preocupados por la naturaleza humana y por uno mismo. La Palabra de Dios también es un espejo que devuelve al lector su imagen. ¿Sería ésta más favorable que la del parque inglés? Veamos cuál es: “No hay justo, ni aun uno… Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos… todos pecaron” (Romanos 3:10, 15, 16, 23).
Ante estas constataciones desesperantes uno quisiera «romper el espejo», dicho de otro modo, cerrar la Biblia. Pero ésta, tras el balance sin concesión, ofrece una esperanza maravillosa a todos los que se reconocen pecadores, y que creen en Jesucristo: la certeza de beneficiarse de la gracia de Dios y su perdón. Aceptémoslos y empecemos a vivir la nueva vida que el Señor da.

Reflexiones Cristianas – Dios Creador y Salvador

    Reflexiones Cristianas – Dios Creador y Salvador
El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay
(es) Señor del cielo y de la tierra.
Hechos 17:24.
Nuestro Salvador…
quiere que todos los hombres sean salvos
y vengan al conocimiento de la verdad.  
1 Timoteo 2:3-4.
Paseándose por una ciudad, un hombre llegó a un puesto de libros cristianos y se interesó por los escritos expuestos. Los que atendían el puesto quisieron ayudarle, pero él rehusó diciendo no ser cristiano.
A la pregunta de si creía en Dios, el hombre respondió decididamente: –¡Por supuesto! –¿En qué apoya usted su convicción?, lo interrogaron de nuevo. Entonces contestó que era físico y docente en la Universidad local, y agregó: –Ustedes seguramente saben que existen muchas leyes en la materia. Nadie puede negarlo. A menudo nos sorprenden nuevos resultados de nuestras investigaciones. Por lo tanto, es muy improbable que todo esto se haya originado por casualidad. Entonces llego a la conclusión de que un Creador con gran ingenio tuvo que haber intervenido. No me puedo explicar la naturaleza de otra manera.
Los vendedores del puesto trataron de darle a entender que la Biblia habla justamente de un Dios Creador, pero hubo poco interés por parte del visitante, y cuando nombraron a Jesucristo, quien murió en la cruz, él se despidió.
Para ese hombre era incomprensible que un Creador hubiese tomado la forma de su criatura en la persona de Jesucristo. No quería saber nada de un Dios que nos amase y que dio a su Hijo para que muriera en la cruz. Entonces: ¿De qué sirve la fe en un Dios Creador, si no se quiere creer en él como Dios Salvador?


Reflexiones Cristianas – Demostrar Nuestro Valor

    Reflexiones Cristianas – Demostrar Nuestro Valor
Todos los que creen…
(Son) justificados gratuitamente por su gracia,
mediante la redención que es en Cristo Jesús. Romanos 3:24.
Muchos de nuestros contemporáneos reconocen fácilmente que no creen en Dios. Afirman que para ellos no es un problema y no sufren por ello. Al contrario, más bien se sienten orgullosos de vivir sin Dios. Dicen que es señal de libertad y de madurez. Mas casi todos sienten la fuerte necesidad de ser bien visto por aquellos que tienen importancia para ellos.
En el fondo cada uno quiere ser conocido como una persona honorable, a quien nada se le puede reprochar. Uno quiere probarse a sí mismo y a los demás su propio valor. Semejante actitud es puro orgullo. Querer ser justo por sus propios esfuerzos es algo irrisorio.
Escuchemos más bien la enseñanza de la Biblia: “Justificados gratuitamente por su gracia”. Solamente la justicia que Dios nos da nos libera de la necesidad de comprobar a toda costa nuestro valor. A menudo esa necesidad hace de nosotros seres tensos, y a veces hasta agresivos.
¡Cuánta necesidad tenemos de recibir el mensaje del amor gratuito de Dios y del don de su justicia! Entonces seremos liberados del orgullo y nos sentiremos más libres en nuestras relaciones con los demás, a quienes ya no veremos como enemigos o rivales, sino como personas amadas por Dios.
Y cuando tengamos la tentación de engrandecernos, de despreciar o envidiar a los demás, pensemos en el Señor Jesús, quien es “manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29).